miércoles, 3 de junio de 2015

Un ejercicio de escritura automática

Dentro de las tareas del proyecto Un movimiento de vanguardia (que pronto contaré aquí) dedicamos media sesión a un ejercicio de escritura automática, siguiendo la receta conocida de Andrè Bréton. Para ello oscurecimos algo la clase, intentamos crear un estado de duermevela (nada difícil a las ocho y cuarto de la mañana) y nos pusimos a escribir. Suelo realizar estas actividades junto a mi alumnado para comprobar su dificultad y servir de nmodelo, así qu me puse a ello. Mi inconsciente debía de estar sumamente efervescente esa mañana porque me surgió este poema que ahora os dejo:

Ná más te digo que la idiosincrasia es un bikini con tiras de esparto
que las madrugadas saben a cierta colonia de tu madre
lo ideal es vencer nada que asuste
kilos y kilos de imprudencia y miedo
desde los límites del tiempo a los caballos de la yerbabuena
gloria a la gloria oxígeno del tiempo
tienes lo que mereces no mereces nada
lo que digo no es
incógnita del gusto suavemente roto
España es una raíz de hijos polivalentes
comenzamos a ser hojas grandes de cieno
convencido mecido aturdido
por el mismo segundo que milita en la noche
esas voces de niños que se esfuerzan en serlo
comediantes sonoros y libélulas macho
descendiendo hasta el árbol del espíritu inquieto
otra vez que te miro y caliento motores
desde aquí se percibe claramente tu sombra
y lo ajeno ya es mío
con las manos detrás de la espalda ejercito las furias y maldigo al licántropo que enjugó tu corona
todo es mar nada es cielo y morimos morimos
los arcángeles vuelan sobre el pie de tu tumba
descalzamos las tumbas para que haya un movimiento sexy
dedícate a romper el ritmo de los versos comunes
donde quizás la luz no consiga desobedecerte tanto
y la mitad de tu espada
acaricie al sepulcro que tus vecinos cohabitan mismamente
no es pecado sufrir de inocencia
ni en los pisos ni en los ascensores
el peligro que acecha a través de tu olvido
no se hace con las manos en alto de los leprosos
ni juega a jugar el juego de los comprimidos