martes, 24 de noviembre de 2009

25 de noviembre: dos libros

En la entrada que escribí el año pasado contaba algo de la historia que se recuerda este día, así como de una serie de ideas preconcebidas que, sobre la violencia machista, existen en nuestra sociedad y son difíciles de erradicar.
Quiero hoy comentaros dos libros que he leído recientemente y que vienen al caso con el día de hoy. Uno es de uno de los filósofos que se encuentran en el origen del pensamiento contemporáneo. Otro, de un autor islandés de novela negra, de reciente introducción en España.

Los dolores del mundo

El pensador Arthur Shopenhauer (1788-1860) expone en este libro sus ideas sobre el mundo y el hombre. Como no se cansó de explicarnos, es la voluntad la que hace infeliz al hombre: "El dolor no brota de no te
ner. Brota de querer tener y sin embargo no tener".
Estas ideas, que a menudo comparto (dada mi formación existencialista), y
que han tenido un largo reflejo en la literatura española del siglo XX (véase, sin ir más lejos, la obra de Pío Baroja), han producido, sin embargo, frases como las siguientes, referidas a la mujer, y que muy posiblemente también han influido en la visión que de ellas han tenido nuestros escritores (el mismo Baroja, sin ir más lejos):

Casi no cuesta nada comprender que la mujer fue hecha para la obediencia. Colocadas en una situación de completa independencia, todas, sin embargo, se aproximan a un hombre, por el que tarde o temprano se dejarán dirigir y dominar. Hasta tal punto necesitan un dueño. La mujer es un animal de
cabellos largos y de ideas cortas.
Es la mujer un animal al que es necesario pegar, alimentar bien y encerrar. Deberían tan solo ocuparse de su casa. Deberían alimentárselas bien,, pero no habría que permitirles mezclarse en sociedad. Y si bien deb
erían ser instruidas en religión, deberían ignorar la poesía y la política, y no leer más libros que d de oraciones y de cocina.
Ese interés que se toma por las cosas exteriores no es más que una ficción, una treta de la coquetería y de su cualidad imitativa.
Son el sexus sequior, el segundo sexo, el sexo destinado a permanecer separado y en segundo término.Y así hicieron en todos los tiempos los antiguos y los pueblos orientales. Se daban cuenta mejor que nosotros el papel secundario que les conviene.
Durante toda su vida las mujeres son como niños. En las mujeres la razón llega a su completo desarrollo a los dieciocho años, mientras que en el hombre no ocurre esto hasta los veintiocho. No tiene, pues, la mujer, una razón de más de dieciocho años. Por eso sólo ve lo que se halla bajo sus ojos, es decir, lo presente. Lo futuro como lo pasado se les escapa. Para ellas existe lo instintivo, lo presente, lo concreto.
Sufre una miopía intelectual. Su prodigalidad llega a veces hasta la locura, pues en el fondo de su corazón se halla persuadida de que los hombres han sido creados y puestos en el mundo para servirlas, para ganar dinero y entregárselo a ellas, que se encargarán de gastarlo.

Y otras lindezas por el estilo. Con filósofos así, ¿para qué queremos analfabetos? Sin embargo, resulta evidente, primero, que el camino recorrido por la sociedad occidental ha sido enorme, y segundo, que sigue siendo muy difícil eliminar un estado de cosas asumido, en muchos casos, tanto por hombres como mujeres.

La mujer de verde (Silencio sepulcral)

Esta novela de Arnaldur Indridridason cuenta, como ninguna otra, el drama que vive una mujer atrapada entre la violencia de su marido, la defensa de sus hijos (en especial, de una hija paralítica habida de sus relaciones anteriores con otro hombre) y los atisbos de la felicidad posible que descubre en la relación con un soldado americano.
El hallazgo de unos huesos antiguos lleva a una investigación policial que se mezcla con la narración de la vida cotidiana de la familia que vivió en el lugar de la excavación, dominada por la figura de un hombre cruel y la rebelión de que llegan a ser capaces los seres más indefensos.
El siguiente fragmento describe como ningún otro las sensaciones que pueden llegar a vivirse en esos ambientes asfixiantes que no están tan lejos de nosotros:

¿Sabes cómo es vivir con miedo constante durante toda la vida? Vives con el odio un día tras otro, nunca se acaba, da lo mismo lo que hagas, y nunca puedes hacer nada que cambie las cosas hasta que has perdido todo asomo de voluntad propia; no haces sino aguardar, con la esperanza de que la próxima paliza no sea tan terrible como las anteriores. Poco a poco, las palizas se van convirtiendo en sadismo porque el único poder que tiene el violento en este mundo es el poder sobre aquella mujer, y sólo sobre ella, porque es su mujer, y es un poder absoluto porque ella está a su merced, porque no sólo la amenaza, sino que también la atormenta con el odio a sus hijos y le hace ver con toda claridad que les hará daño si intenta librarse de su poder. Pero la violencia física, el dolor y los golpes, los huesos rotos, las heridas, los moretones, los ojos hinchados, los labios rotos, todo eso no es nada comparado con la tortura del alma. Un miedo constante, permanente, que nunca se calma. Los primeros años, cuando en ella aún queda vida, intenta buscar ayuda y escapar, pero él la caza y le dice en un susurro que matará a su hija y la enterrará en la montaña. Y ella sabe que lo hará, y se rinde. Se rinde y se pone en sus manos. Y la vida de ella se convierte en una simple sombra de la de él. Desaparece toda resistencia, y con la resistencia desaparece el deseo de vivir y deja de ser un ser vivo, es sólo una muerta, un ser de las tinieblas en constante búsqueda de alguna escapatoria. De alguna escapatoria de las palizas y las torturas psicológicas y de la vida de él, porque ella ya no vive su propia vida, y no existe más que en el odio de él. Al final ha triunfado él.

Os recomiendo vivamente la lectura de este libro. Otro comentario de esta obra lo podéis encontrar en Golem-Memorias de lectura. Porque ella está muerta. Muerta en vida.

¡Sigamos trabajando por el BUENTRATO!


Fotografía de Dainer en Flickr bajo licencia CC.