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viernes, 8 de abril de 2016

Más currículo y menos celebraciones

Ayer tuve la suerte de participar en un Encuentro de Coordinadores/as del Plan de Igualdad en los centros educativos, organizado por el CEP de Lebrija en el IES Maestro Diego Llorente de Los Palacios. Me pidieron que contara las características del proyecto Un cancionero petrarquista, que había obtenido el segundo puesto en la convocatoriia de los VIII Premios Rosa Regás a materiales coeducativos.

Fue un placer compartir con las asistentes (sólo había un hombre presente) las peculiariddes de este proyecto y los problemas que afrontan las coordinadoras y coordinadores de coeducación en los centros educativos, especialmente en los institutos de enseñanza secundaria, donde el trabajo en equipo cuesta tanto trabajo y toda actuación de centro proporciona tantas alegrías como sinsabores.

Mi propuesta se puede resumir en el título de esta entrada: "Más currículo y menos celebraciones". Hay que trabajar por la igualdad real día a día, desde la dinámica normal del aula, asumiendo esta tarea desde los enunciados de los problemas de matemáticas, las oraciones que se analizan sintácticamente, las actividades de educación física, los textos que comentamos. Las celebraciones en los días señalados se convertirían así en consecuencias del trabajo diario y surgirían de un convencimiento real, no impostado. Quedarnos sólo en la conmemoración podría inmunizarnos ante el machismo, llevarnos a pensar que ya hacemos suficiente.

Os dejo aquí la presentación que utilicé:

viernes, 5 de diciembre de 2014

En defensa propia

Ayer se hizo pública la resolución que concedía a mi proyecto Un cancionero petrarquista el segundo premio de la VIII Edición de los Premios Rosa Regás a materiales que destaquen por su valor coeducativo. Vaya por delante mi agradecimiento al jurado del premio y mi satisfacción personal, que se extiende al centro donde trabajo y a los alumnos que aprenden con estos proyectos.

Sin embargo, cada vez que un trabajo mío se convierte en merecedor de algún reconocimiento externo no deja de producirme una sensación incómoda: la de quien ha tenido que buscar la valoración de su práctica docente fuera de su ambiente natural, es decir, el trinomio formado por los compañeros, el alumnado y las familias. Ese es el único reconocimiento que ansío, el acuerdo unánime de que mis alumnos, tras el curso, son más competentes como individuos y mejores ciudadanos, comprenden y se expresan mejor, son capaces de colaborar y de criticar, de crear con una intención artística y de difundir las propias ideas,.

Pero no siempre se acepta que esto sea así, al menos sin poner algún tipo de reparo. Opinar sobre el trabajo de los docentes pagados con fondos públicos es algo a lo que todos tenemos derecho, desde luego, pero se hace muchas veces a la ligera y desde el desconocimento. Y adopta aspectos mucho más hirientes cuando procede de la propia profesión. Sacar los pies del plato, metodológicamente, supone un ejercicio constante de explicación de tus planteamientos que, en la mayoría de los casos, no obedece al derecho legítimo de las familias de conocer cómo enseñamos a sus hijos sino a otros motivos menos confesables..

Ese es el motivo principal que me conduce, cada cierto tiempo, a presentarme a un premio: la defensa propia. Obtener un aval externo que calle voces y me permita seguir trabajando con tranquilidad en lo que creo, que añada algunas certezas a mi convencimiento de que el camino emprendido lleva la mayoría de las veces al aprendizaje de mis alumnos. Si no lo consigo, no será nunca porque no haya hecho mi trabajo lo mejor que sé hacerlo.


miércoles, 16 de enero de 2013

El largo recorrido de la REDsidencia de Estudiantes (II): El barco del exilio

Como dije en una entrada anterior, tuve que abandonar las II Jornadas de Aprendizaje basado en proyectos y metodologías activas que se celebraban en Sevilla para ir  a la entrega en Madrid de los premios Fundación Telefónica de innovación educativa.

Los que hacemos "cosas bien raras" en el aula a menudo necesitamos de alguien imparcial, externo a nuestro entorno más cercano, que nos confirme en la bondad del camino elegido y sancione nuestras prácticas como adecuadas para alcanzar los aprendizajes buscados. Fue este uno de los motivos fundamentales para presentar el proyecto REDsidencia al premio, junto al estupendo trabajo desarrollado por los alumnos del grupo, y obtener el tercer premio de nuestra modalidad y categoría sirvió fundamentalmente como reconocimiento a ese esfuerzo colectivo y al buen hacer de todos.

En los días previos a la entrega de premios, participamos en este vídeo junto a otros profesores premiados:



Por diversos motivos tuve que viajar solo a Madrid, pero gracias a la organización del premio a los compañeros premiados siempre me sentí muy bien acompañado. Disfruté de la experiencia de compartir el largo día con Lourdes Domenech, gran profesional de la que siempre he aprendido y ahora también para mí entrañable persona a la que aprecio muchísimo. También fue muy grato conocer a Salomé Recio y contagiarme de su energía y buen hacer, a Conchi Villar y a las "princesas" Patricia y Belén. Y como detrás de cada mujer siempre hay un gran hombre, compartí amenas charlas y comidas con Dani, Luismi y Quique. Mención especial merece Blanca, "la voz", experta en juegos infantiles, que me seleccionó primero como compañero de desayuno y luego como agraciado en el sorteo de una cámara de fotos.

De la organización del premio debo agradecer especialmente el trabajo de Arancha (¡memorable el resumen de su vida laboral en Inglaterra!), la calidez de la acogida dispensaba por Pablo Gonzalo y el interés mostrado por Beatriz Jiménez en nuestro proyecto.

Pero el recorrido del proyecto no se detuvo en esta entrega de premios. Quince días después conocimos que nos habían concedido el Sello de Buenas Prácticas Iberoamericanas del portal Leer.es, lo que ha supuesto un nuevo motivo de satisfacción para los participantes.

Aunque lo más interesante son las posibilidades que se abren a trabajos como este. Por ejemplo, Beatriz Jiménez veía que la metodología propuesta (role playing o serious gamification) era válida para otros periodos literarios y otras áreas de aprendizaje. Y el mismo día que presentábamos el proyecto en las Jornadas #pblesp de Sevilla recibí este tuit de Joaquín J. Martínez (con quien, por otro lado, ya había discutido las posibilidades de la REDsidencia en Proyéctate):


El resultado está comenzando a fraguarse en el sitio El barco del exilio: Guía de viaje. Se trata de una propuesta colaborativa muy abierta que abarcaría todos los exilios, aunque fundamentalmente la relación bidireccional que se dio en el siglo XX entre las dos orillas hispanohablantes del Océano Atlántico, sin olvidar otros momentos históricos y sin excluir las situaciones personales de exilio interior. Es un proyecto interesantísimo en el que aún estoy reflexionando sobre el modo de contribuir. Os recomiendo que le echéis un vistazo y lo incorporéis a vuestras prácticas.
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